Fútbol fuera de foco.

Cuerpos, imágenes y poder por Santiago Moyano.

¿Qué ocurre cuando una imagen producida dentro del espectáculo global del fútbol introduce un signo que ese mismo espectáculo intenta mantener fuera de campo?

La pregunta permite observar una de las contradicciones centrales del fútbol contemporáneo. Mientras la industria deportiva perfecciona sus mecanismos de producción, medición y circulación de imágenes, el cuerpo de quienes juegan continúa funcionando como superficie de inscripción de memorias, territorios y conflictos que desbordan la lógica del espectáculo.

La fotografía deportiva no registra simplemente esa transformación, sino que participa en ella. Selecciona, recorta, congela y repite. Decide qué cuerpo merece ser visto, qué gesto se convierte en acontecimiento y qué instante puede transformarse en memoria. A través de la prensa, las agencias, los clubes y las plataformas digitales, la imagen deportiva se integra así en una economía global de la atención.

Durante buena parte del siglo XX, determinadas fotografías deportivas mostraban a quienes jugaban al fútbol todavía inscritos en un territorio reconocible. El barrio, la fábrica, el club, el barro, la calle y la multitud formaban parte de la escena. No se trata de idealizar aquellas imágenes ni de considerarlas ajenas a la industria cultural, sino de observar cómo el cuerpo aparecía ligado a formas locales de sociabilidad.

Fotografías del Archivo Nacional de los Países Bajos (NA - Nationaal Archief)

Ramón Usall ha analizado precisamente la relación entre deporte, modernización industrial y luchas de clase. El fútbol fue producto de la sociedad industrial, pero también un espacio de apropiación comunitaria y construcción de identidad.

La imagen contemporánea modifica las condiciones de esa visibilidad. Primeros planos, repeticiones, celebraciones, cuerpos perfectamente iluminados y secuencias producidas para su circulación inmediata convierten el acontecimiento en un flujo permanente. La fotografía ya no funciona únicamente como documento del partido. Se convierte en un engranaje del capitalismo de la atención, donde cada gesto puede ser convertido en estímulo, contenido y mercancía.

Este proceso también permite observar una transición significativa en el fútbol femenino. Durante décadas, sus cuerpos estuvieron precisamente fuera de los grandes dispositivos de producción y circulación de imágenes que construyeron la mitología del fútbol masculino. La profesionalización reciente está modificando esa situación. Las futbolistas ocupan cada vez más espacio en las campañas, las retransmisiones y las plataformas digitales, pero su incorporación al espectáculo no supone simplemente una conquista de visibilidad. También significa entrar en un sistema que produce, clasifica y comercializa los cuerpos a través de códigos cada vez más homogéneos. La pregunta sobre quién aparece en la imagen se cruza, de este modo, con otra cuestión central: bajo qué condiciones se permite esa aparición.

En este punto es necesario detenerse en la construcción social del cuerpo.

Pierre Bourdieu permite pensar el cuerpo deportivo como un lugar donde las estructuras sociales se incorporan en forma de disposiciones, gestos y prácticas. El pibe y el potrero estudiados por Eduardo Archetti forman parte de una de esas construcciones culturales. Se trata de una narrativa que asoció creatividad, improvisación e irreverencia con una determinada idea de identidad futbolística. El potrero aparece así menos como una esencia perdida que como un imaginario mediante el cual una sociedad construyó la figura de su futbolista ideal.

Frente a ese cuerpo imprevisible aparece progresivamente otro modelo, asociado a la optimización.

El entrenamiento, la nutrición, el descanso, los controles médicos, los datos de rendimiento y las tecnologías de seguimiento convierten la vida corporal en un conjunto de variables susceptibles de ser medidas y administradas. Este proceso atraviesa tanto al fútbol masculino como al femenino, aunque lo haga desde historias profesionales y condiciones materiales diferentes.

En términos foucaultianos, el futbolista constituye un ejemplo extremo de biopoder. Es un cuerpo cuya vida se organiza alrededor de la optimización permanente.

Pero el cuerpo profesional no sólo debe funcionar correctamente. También debe aparecer correctamente. La fotografía produce músculos, gestos, celebraciones, tatuajes, uniformes y marcas como superficies visuales reconocibles. En el caso del fútbol femenino, esta producción de visibilidad introduce además una tensión particular entre la deportista y las expectativas culturales sobre el cuerpo de las mujeres.

La imagen puede contribuir a desplazar esas expectativas y presentar a la futbolista como atleta, pero también puede reproducirlas mediante determinadas formas de estilización, pose y representación. El cuerpo deportivo se convierte así en un territorio donde rendimiento, identidad y mercado negocian constantemente sus límites.

La dimensión ritual del fútbol introduce, sin embargo, una grieta en este proceso. Simon Critchley ha descrito el fútbol como una experiencia secular de lo sagrado, capaz de suspender temporalmente la vida cotidiana y generar formas intensas de pertenencia colectiva. La fotografía congela ese ritual y lo convierte en memoria. El abrazo, el grito o el cuerpo exhausto pueden convertirse en iconos. Al mismo tiempo, la imagen incorpora esas experiencias afectivas a los circuitos de circulación comercial.

Durante el Mundial de 2026, una anomalía visual dejó al descubierto los mecanismos de exclusión del espectáculo contemporáneo. Sin acreditación oficial, la fotógrafa francesa Florence Pernet registró los partidos desde la pantalla de su televisor. Las interferencias y el efecto moiré introdujeron una textura imperfecta frente a la alta definición dominante. En lugar de ocultar las condiciones materiales de la retransmisión, sus imágenes las hicieron visibles. Este gesto conecta su obra con una premisa central de la cineasta Albertina Carri: las imágenes no reflejan lo real de forma transparente, sino que construyen posiciones de mirada y modelos de representación. Para ambas, el dispositivo deja de ser un medio invisible y pasa a formar parte de lo interrogado. Así, el estadio desaparece para dar paso a la mirada doméstica desde la que millones de espectadores consumen el fútbol diariamente

Algo semejante, aunque en un registro político completamente distinto, ocurrió después de la semifinal del Mundial entre Argentina e Inglaterra. Tras la victoria argentina, varios jugadores mostraron una pancarta procedente de la hinchada creada a partir de una sábana de hotel con la inscripción Las Malvinas son argentinas. Un objeto de la tribuna pasó así al terreno de juego, del cuerpo de los jugadores a las cámaras y de las cámaras a la circulación global.

La fuerza visual de aquella escena reside en el contraste entre dos superficies. Por un lado aparece la camiseta oficial, fabricada y regulada dentro del sistema global de marcas. Por otro, una bandera improvisada que porta una memoria territorial. El encuentro entre ambas superficies condensa una tensión más amplia entre la producción industrial del cuerpo y las formas populares de pertenencia.

El recorrido de aquel trapo resulta igualmente revelador. En la tribuna constituye una expresión de la hinchada. En manos de los jugadores se convierte en un gesto producido dentro del espacio oficial. Ante las cámaras pasa a ser una imagen política global. Y ante la institución deportiva se convierte en un objeto susceptible de regulación.

La posterior apertura de un procedimiento disciplinario por parte de FIFA revela, más allá de su desenlace normativo, que la neutralidad institucional funciona como una regulación de la visibilidad política. Las entidades deportivas determinan qué discursos pueden formar parte del acontecimiento y cuáles deben permanecer fuera de él.

La fotografía hace visible esa contradicción. El mismo dispositivo que participa en la espectacularización del fútbol registra también sus fisuras. Puede convertir a quien juega en marca, pero también conservar el instante en que deja de comportarse únicamente como tal. Puede reproducir la imagen oficial y, al mismo tiempo, registrar aquello que la desborda.

El fútbol contemporáneo es, por lo tanto, un campo de disputa no sólo por el control del cuerpo, sino también por el control de la mirada. El mercado produce cuerpos eficientes, identificables y comercializables. Las instituciones regulan aquello que puede aparecer. Las comunidades continúan generando símbolos, gestos y memorias que encuentran vías imprevistas de circulación. Y la creciente presencia del fútbol femenino muestra que ampliar el espacio de visibilidad no significa necesariamente escapar de esas mismas lógicas, sino entrar en ellas y disputar desde dentro sus formas de representación.

La fotografía no resuelve esa contradicción. Es parte de ella. Pero precisamente por eso puede revelar sus límites. Una bandera improvisada levantada durante unos segundos, una imagen tomada desde un televisor o una celebración impulsiva pueden escapar de la lógica para la que fueron producidas y adquirir una vida propia.

La disputa, en última instancia, no consiste únicamente en quién gana los partidos ni en quién controla el cuerpo de quien juega. También se libra en torno a quién decide qué merece ser visto, qué puede convertirse en memoria y qué signos pueden atravesar la frontera entre la tribuna y el espectáculo global. La fotografía se encuentra exactamente en esa frontera. Participa en la producción industrial de la mirada y, al mismo tiempo, registra los momentos en que esa mirada pierde el control.

Santiago Nahuel Moyano

Licenciado en Antropología por la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y diplomado en Género y Deporte por la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Sus trabajos recorren la etnografía virtual, las comunidades digitales y la antropología del deporte. En su práctica, la fotografía funciona no solo como una herramienta para la investigación, sino también como un medio para reinterpretar y rehabitar los sentidos construidos en torno al cuerpo en movimiento.

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